Finalmente llega el día en que comienza el montaje de la vivienda.
Aparecen las enormes grúas (con los vecinos algo alarmados) y los camiones, cargados con las distintas piezas del «lego» de paneles de hormigón, estructuras metálicas y forjados. La velocidad es impresionante; en solo unos días, la vivienda ya está montada y puedes pisarla. Lo que antes era solo un plano se convierte en realidad.

Construir la vivienda con paneles industrializados no es solo una cuestión de tiempo y dinero, sino también de tranquilidad: ver tu casa levantada en dos semanas es una gran satisfacción.
El hormigón, con un buen diseño, aporta una presencia sólida y duradera, además de requerir muy poco mantenimiento.
En esta fase de la obra, es inevitable ir a visitarla mañana y tarde. El progreso es tan rápido y la sensación de estar en una construcción innovadora, con un nivel técnico altísimo y una ejecución de gran calidad y velocidad, confirma que la decisión de optar por un sistema industrializado ha sido la correcta.
Las obras tienen sus picos y bajones de energía: el primer pico es el inicio de la obra, y el enorme segundo pico es el montaje de la vivienda. Sin embargo, también hay un bajón después, ya que aunque parece que está todo listo, aún queda mucho por hacer.
